15:26 Victimas de nosotros mismos


Siempre hay alguien al otro lado. Alquien que, habitualmente, tiene algo que contar y, por lo tanto, que aportarnos. En la vida todos tenemos por delante mucho que aprender, pero eso es muy difícil si solo nos escuchamos a nosotros mismo. El discurso del yo yo y yo sólo conduce al victimismo, al estancamiento, a la autocompasion y al aislamiento. Al igual, que uno quiere, o necesita, ser escuchado y comprendido, ése que se sienta al otro lado de la mesa requiere una atencion. Y si no se la damos, se sentirá menospreciado, pensara que no nos interesan sus sentimientos, sus opiniones, sus necesidades o sus penas. Pensará que unicamente nos preocupan las propias y que, en definitiva, solo nos relacionamos con él por satisfacer nuetros intereses personales, nunca por intercambiar los mutuos.
Que fácil es recibir sin dar nada a cambio, y encima lamentarse de que los demás nos abandonan por el camino. Como si nosotros nos lo mereciéramos todo por nuestra cara bonita, como si los demas nos debieran algo por el mero hecho de ser quienes somos, como niños mimados por esa madre incondicional que nos sigue haciendo la comida aú, cuando volvemos a casa cabreados con el mundo y lo pagamos con ella, cada cual es esencial para si mismo, pero tiene que ganarse el parecerselo a los que pasen por su lado, y no quiere decir que haya que hacer de tripas corazon y fingir lo que no es para granjearse el afecto, sino que debemos hacer un poquito de autocrítica que todos somos responsables, en una u otra medida de lo que sucede. Que cuando se repite el mismo comportamiento por parte de muchas persona distintas, quizas seamos nosotros los que estamos propiciando tal actitud. Que parece demasiado suspicaz creer que el resto de la humanidad se ha confabulado para hacernos sentir solos, ignorados, minusvalorados o incomprendidos ( etc) y puede que, de forma mas o menos inconsciente, estemos proyectando esa imagen. Y eso asusta...

( Elisabeth G. Iborra )